Blog de Iñaki Salvador

El cuento de Navidad de Carmen y Vicente

En el año 2014 estaba yo inmerso en mi reto personal de escribir un pequeño texto diario en este blog, textos que agrupé bajó el título de “sucedidos positivos”. Allí relataba vivencias reales de cada una de las jornadas. Tal día como hoy, un 23 de diciembre de ese año, viví y escribí esto. Me ha venido a la memoria al llegar estas extrañas navidades en lo social, navidades no sé si “no normales” (entraríamos en el proceloso debate de definir “normalidad”) pero sí poco habituales, y en las que se escuchan quejas, protestas, descontentos, lamentos por las renuncias a realizar, desconcierto por la pérdida de contacto con la zona de confort, etc… Recuerdo a Carmen y Vicente y me conecta con un sentido íntimo de la navidad, más allá de religiones, de convenciones, de prohibiciones y sus cuestionamientos, de ruido que me aturde. Ahí va:

 

En la gran urbe ríos de gente corren en todas las direcciones respondiendo al rito y liturgia navideños, compras de última hora, despedidas entre amigos tomando la cerveza postrera del año que se va, bullicio y algarabía en calles y plazas. En un lugar extrañamente calmo de esa gran ciudad, un remanso de paz durante hora y media en medio de esa vorágine, se ofrece un concierto y al terminar un grupo de personas se acerca al camerino donde los músicos saludan a quienes se han acercado a saludarles y firman discos a quienes quieren llevarse un recuerdo de lo compartido y vivido durante ese grato espacio de tiempo.

Llega el turno de la firma a un hombre menudo, de mirada dulce y rictus muy expresivo. Cuando el músico le pregunta a quién debe dedicar el disco responde suave pero decididamente: “A Vicente y a Carmen in memoriam”. Ni al músico ni al hombre menudo les pasa desapercibido el aroma especial que estalla en las décimas de segundo posteriores y el hombre menudo, menudo hombre, aclara en seguida: “Vicente soy yo y Carmen es mi mujer,  acaba de morir hace unos días y aún sigue conmigo”.

El músico,  minúsculo ya en ese instante,  sonríe al hombre menudo y dedica y firma el disco con fidelidad absoluta a la petición recibida. Vicente menudo devuelve la sonrisa a minúsculo músico y le dice: “mañana que es nochebuena pondré este disco y será lo que escucharé con ella, ella lo escuchará allá donde esté y le va a encantar, estoy seguro, será la música de nuestra cena, lo he decidido mientras os escuchaba”.

Músico ya transparente abraza a tremendo hombre y se despiden. Afuera la ciudad sigue bullendo. Hace frío, mucho frío ahí afuera. Músico, privilegiado, sonríe a Carmen y a Vicente, allá donde estén pero, a buen seguro, juntos.

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