Sucedidos

Sucedido positivo del día: 13 octubre 2015 – 8.- El chino que hoy estaba de ocho

Circular en bicicleta tiene sus riesgos, es bien sabido: un bidegorri (carril bici) no es garantía plena, hay que pedalear con mil ojos. Esta tarde el ciclista que iba unos metros por delante de mí me ha dado un buen susto. Ha ido a atravesar con cierta confianza rayana en la valentía un paso de cebra que nos daba preferencia pero que se hallaba en un espacio en curva, con escasa visibilidad tanto para nosotros como para los coches que pudiesen venir. Y tanto que venían. Ha aparecido por sorpresa una furgoneta y a no poca velocidad, y uno y otro, ciclista y automovilista, han debido frenar bruscamente evitando así, al límite, la colisión. Uno y otro (y yo haciéndoles los coros) han resoplado de alivio.

La furgoneta ha marchado justo cuando llegaba yo a la altura del aún asustado colega de pedaleo. Me ha mirado, aún algo lívido, y ambos hemos sonreído. A mí la sonrisa de este chino me ha parecido una triple sonrisa, creo que se estaba poco a poco dando cuenta de la que se acababa de librar. La sonrisa mutua y compartida se ha empezado a prolongar un poco demasiado incluso siendo, como estaba siendo, un improvisado y silencioso canto de gratitud a su ángel de la guarda. Había que reanudar cada uno su marcha y su vida, o decirse algo. Y lo ha dicho. Con poquita voz y aún la sonrisa congelada: “Mucha suelte he tenido,  fulgón venía lápido”. Y con mi sonrisa aún creciéndome en la boca, a la vista de su acento, voz y alegría, le he respondido: “Pues sí, para ser hoy martes y 13, puedes estar muy contento”, y rápidamente me he percatado de que se necesitaba una explicación, “no sé si lo sabes pero aquí se dice que el martes y 13 es un día de mala suerte, pero tú no, tú muy buena. Cuídate”. Y aún hemos recorrido parte de la ciudad bastante cerca el uno del otro, nuestros trayectos han sido bastante coincidentes.

He querido, lógicamente informarme en torno a días o números que los chinos consideren como atrayentes de mala suerte. Pues bien, léase que es el 4 el del mal fario: “El motivo es que, en mandarín, dicho número («sì») se pronuncia de forma similar a la palabra «muerte» («sï»). Un sonido que espanta a los habitantes de este país hasta tal punto que ha sido estigmatizado y se intenta evitar a toda costa en la vida cotidiana. Por eso, muchos ascensores en China no disponen de la cuarta planta en su tablero, pero tampoco del piso 14, ni del 24, ni del 34, ni del 44 (mucho menos de este), ni de cualquier número que acabe en cuatro. Cuando dichos edificios prescinden de la planta cuarta (y de todas las que acaben en ese dígito), las escaleras conducen desde el tercer piso hasta el quinto sin escalas intermedias. Para evitar el infortunio, nadie quiere vivir en una planta que acabe con el número cuatro. Si lo hace, en caso de encontrar alguna, regateará al máximo el precio de la vivienda a cambio de arriesgarse a morar en un lugar con tan malos augurios”.

¿Y el del buen rollo? El 8: “El 8 está rodeado de buena suerte, el 8 es el número más afortunado de todo el pueblo chino. Suena como prosperidad y riqueza. Los chinos son famosos por pagar mucho dinero para tener la matrícula, el número de teléfono, número de apartamento, etc.. con el número 8. La forma de este número se asemeja a la forma del infinito por lo que se asocia con el interminable flujo de dinero.

Muchos vuelos desde y hacia China tienen el triple 8 en su número de vuelo. Los chinos creen que el trabajo en el 8º día de sus 15 días las celebraciones del Año Nuevo chino es un buen augurio.

¿Alguna vez has pensado sobre por qué en 2008 los Juegos Olímpicos celebrados en Beijing, China fue inaugurado el 08.08.08 a las 8 minutos y 8 segundos después de 20:00? Eso definitivamente no es una coincidencia. Estaba previsto en esta fecha y hora, porque creían que si lo hacían así, les traería buena suerte a sus atletas y China podría ganar la mayor cantidad de medallas de oro durante los juegos, y así lo hicieron con 51 medallas de oro”.

Sucedido positivo del día: 23 julio 2015 – Texto y contexto

Cuando un intérprete de música ofrece su propuesta en concierto está ofreciendo su relato, la fotografía de su momento y la desnudez (somos pura desnudez, en la música y en la vida) que quiere mostrar u ocultar. Escuchando fragmentos de cuatro conciertos distintos en el transcurso de cuatro horas he visto a músicos sudar bajo un sol abrasador (las siete de la tarde en el mes de julio puede ser un contexto complicado para contar tu texto), he escuchado texturas que nacieron íntimas expuestas ante audiencias masivas, he escuchado frases al vuelo que me han sorprendido entre los públicos asistentes, ha volado mi imaginación ante pasajes concretos de todas esas músicas preguntándome si el plato en el que hoy eran servidas tenía la temperatura adecuada y el tamaño más correcto para ser degustadas con deleite para el receptor y con justicia para el emisor. Cuando estalla tanta música en cada rincón y tantas almas rodean cada escenario es hermoso y misterioso percibir e imaginar que todos los músicos, cada uno de ellos, están igual de solos que al principio, todos ellos, volviendo a urdir y construir su relato, contando de nuevo el cuento, cantando de nuevo el canto, con la misma energía del primer día, con los mismos cansancios que el último.

Sucedido positivo del día: 20 julio 2015 – Lo incomparable marca

Y entonces la operación de que dos hijos de corta edad recién salidos de la playa se quiten el bañador mojado, se pongan la ropa limpia y seca y metan en el capazo los juguetes rebozados aún en arena, todo ello sin acercarse al  peligroso bidegorri (carril bici) colindante con el espacio utilizado para la costosa maniobra familiar, requiere, parece ser,  de no menos de 25 frases conjugadas en imperativo (las he contado) que los pequeños van cumplimentado no sin evidente agobio, manifiesto desorden y aliviadoras, al menos para mí, risas indisimuladas de ambos infantes en su atropello por intentar abordar la retahíla de acciones a realizar. Me he sonreído por sus sonrisas, me han visto y me he puesto serio de mentirijillas con lo cual se han reído un poco más y yo he puesto pies en polvorosa por lo que pudiera pasar y por el imperativo que pudiese salpicarme (-¿váyase usted al carajo y no vacile con mis niños que mire qué hora es y aún nos quedan baños y cenas y hoy encima están imposibles?-, quizá).

Mientras eso ocurría el barquillero de amable y afable presencia llevaba ya rato vendiendo sólo palabras y expediendo explicaciones, especulaciones y cháchara con no menos de unas 10 diferentes personas en menos de 15 minutos. Un día me acercaré a hablar con él porque debe de merecer la pena.

Como el sol iba cayendo,  de manera simultánea y desde diferentes puntos de la ciudad se realizaban fotografías, como cada día, de una bahía que despierta pasiones y en ocasiones duerme intenciones, pero esto sólo es una apreciación muy mía y sin ánimo de ofender. Ningún marco incomparable es o provoca,  “per se”,  algo malo o bueno, pero yo ya me entiendo. Hay ciudades que viven de las rentas, mueren de éxito y sobreviven por debajo de sus posibilidades.

Con todo y con éso el aire era tibio y acariciaba con delicadeza. Los niños aún traviesos sin mácula, el barquillero quizá cansado de serlo pero sereno en la empresa y las fotos que no cesan de una belleza muy bella para bien y para mal daban al atardecer argumentos para caer tan lentamente como lo hacía.

Sucedido positivo del día: 21 julio 2015 – Cien centellas centelleantes

Día de cielos variables, inciertos, cambiantes, sugerentes y amenazantes, rotundos, de misteriosa belleza y henchidos de presagios. A media mañana tronaba el trueno sobre unas cabizbajas cabezas que se intentaban esconder en el escondrijo de unos hombros de hombre protectores, y también se mojaban mujeres y se paraban las aguas en los paraguas de los previsores que habían previsto. Las gotas de unas goteras mojaban lo ya humedecido por una humedad relativa del aire que respirábamos sin respiro. La jornada ha venido y se ha marchado envuelta en el tormento de su tormenta y la noche tiene celos del carisma de un día que le desdice y se lo dice, que le desluce su poca luz y escaso brío, que es por calor y poco frío lo que sucede, es el suceso que más notamos porque es notable que nos sucede y nos ha envuelto cada vez que ha vuelto y nos ha revuelto. Hoy tenemos el pararrayos lleno de iones y de protones y de neutrones, el cielo avieso, el verano esquivo y de eso escribo. Cuando a media mañana tronaba el trueno un amigo, a mi lado, explicaba su música desde la melancolía y realmente era el día, la escenografía, la vuelta de tuerca de a los que nos falta un tornillo. Truena tronando aún ahora en la hora en que duermen los durmientes. Suena el sonido sonoro del silencio que vendrá. Tras la tormenta la calma; tras lo necesario, lo inevitable.

Sucedido del día: 19 julio 2015 – Los demás y tú

Poseía poesía en los dedos de dos manos prodigiosas. Cuando en la década de los 80 yo asistía desbordado a los impactos que iba recibiendo desde mi tocadiscos (me estaba estallando el jazz en la cara, en concreto en la cara A y B de cada LP) hubo un tiempo en el que en mi casi imposible orden mental a la hora de catalogar los pianistas que iba conociendo tuve dos cajones imaginarios en mi cabeza: en uno, la cascada de nombres que desde Chick Corea hasta Bill Evans o McCoy Tyner bullían en corcheas tórridas y tradición afro-americana; en el otro, un solo nombre, John Taylor, el peculiar, el raro, el distinto, el sereno aunque enérgico, el esteta, el límpido y espiritual, el que no tenía prisa por calmarse ni exhibía una calma impaciente, el de las notas largas con nervio y carácter y el del torrente de notas, cuando era necesario, claras como el agua clara y luminosas en su exuberancia. Así era la cosa, el resto del mundo y John Taylor.

Este viernes, anteayer, John Taylor ha posado dulcemente su cabeza sobre el teclado del piano en pleno concierto en la localidad francesa de Segré, en un escenario del “Saveurs Jazz Festival”. Los 500 espectadores que lo veían parece que disfrutaban, en los primeros instantes, con la poética imagen que ofrecía quien siempre nos tuvo acostumbrados a la sugerencia y sutilidad en cada gesto. Fue, eso sí, el postrero, el calderón final, la nota más larga que podrá tocarnos jamás.

En este vídeo uno de los temas que me sugería vuelo y que me empezó a enseñar, en mis inicios, una manera diferente. Lo reescucho esta mañana con emoción e imagino a John en su vuelo iniciado este viernes, montado en luz y solo, tan solo como estaba en mi solitario cajón, ese espacio que él me inauguró. El fue uno de mis maestros con los que nunca hablé y ni siquiera saludé. Me hablaba y habla y su marcha me recuerda que me quedan muchas clases pendientes con él.

Sucedido positivo del día: 17 julio 2015 – Calurosa calidez

Personas muy amables hoy en Collado Villalba han llenado el aforo e incluso lo han rebosado para presenciar y compartir el juego que mi amable amigo y yo hacemos alrededor de la música amable de Bach. Entre los asistentes al concierto gozábamos de la suerte de tener a personas muy amables y muy amables. Con ellas hemos compartido luego espacio y tiempo, amable conversación, mesa bajo las estrellas y momentos amables.  Se acumulan las acepciones, los pianos en los escenarios y los grados en los termómetros. Que nos quiten lo amado (y lo sudado).

Sucedido positivo del día: 18 julio 2015 – Jarderintos y laberdines

Viajar por carretera y radio, radio y viajar por carretera, pareja inseparable. Escucho divertida charla en torno a la expresión “meterse en un jardín” y lo que ello significa y supone. Jamás hubiera pensando que el diccionario de la RAE (Real Academia Española) recogería semejante locución verbal pero sí, lo hace, y la define de la siguiente manera: “Enredarse innecesariamente en un discurso o parlamento teatral o en una situación complicada“.

En el debate radiofónico de esta mañana unos y otros narraban jocosos sucedidos propios respecto al asunto, anécdotas de naturalezas varias y variopintas pero todas ellas con el denominador común de ilustrar comportamientos humanos que parecen casi irremediables. Parece imposible no pisar el charco y resbalar, no acceder al pasillo sin salida del laberinto y además hacerlo tapiando e impidiendo según se camina la posible marcha atrás, parece inevitable decir lo inoportuno seguido de un torpe intento de enmienda del error que, lejos de subsanarlo,  lo acrecienta y agrava.

Curioso escuchar ese espacio de radio regresando de haber dado un concierto en unos jardines y en el que, además, al explicar la gestación de la música que hicimos, hablé de laberintos elegidos, gozosos y de los cuales uno no tiene ganas ni intención de salir.

Sucedido positivo del día: 15 julio 2015 – Descontrolar con control

Siempre se aprende algo, solo es cuestión de ir bien atento. Un ejemplo: no conviene emborracharse un miércoles hacia la media noche en una ciudad cualquiera…, pongamos por caso…., San Sebastián-Donostia. De acuerdo, usted puede alegar que las fiestas populares en general pueden parecer una apología del beber de manera desordenada al tiempo que se jalea y celebra el correr delante o detrás de animales con cuernos grandes e intenciones aviesas. No podríamos nadie negar que el objeto de su fruición se expende de manera legal e incluso profusamente exhibida en locales de todo tipo y condición, desde los aderezados para saciar los impulsos festivos a media mañana hasta los diseñados con nocturnidad y alevosía para satisfacer su sed insaciable hasta altas horas de la madrugada. Una cosa lleva a la otra y se empieza por venerar al santo patrón de la localidad para terminar, vaya usted a saber, bailando al ritmo y son de la canción que de estar uno en su sano juicio hubiera despreciado sin dudarlo.

Pero insisto e insisto en insistir: hasta para desfasar hay que tomar ciertas precauciones. No lo hagan en Donostia un miércoles de julio hacia las 00.30. Los que hemos visto a una persona tumbada en decúbito prono en el suelo de una acera del centro muy centro de la ciudad, en estado que hacía deducir ingesta excesiva de alcohol, inmóvil e inexpresivo, hemos aprendido que no debemos esperar mucho del auxilio oficial. Intenten no excederse en barrios y barriadas y mucho menos en aldeas o poblados alejados del mundanal ruido y del servicio de salud. Si una ambulancia tarda 35 minutos en acudir a una acera que linda con el ayuntamiento de una turística ciudad en el mes turístico por excelencia dense ustedes por perdidos si se atreven a poner a prueba su hígado y, como consecuencia, el resto de órganos y funciones vitales en otro cualquier lugar, rincón o aledaño.

Me he enfadado con quien me respondía en el 112. Es un consuelo que la llamada haya quedado grabada. Confío en que sea de los pocos enfados realmente útiles si sirve para que lo que llaman de manera rimbombante “protocolo” se convierta en algo lógico, eficiente y menos arriesgado. Ya que legalizamos lo que nos daña hagamos lícito pedir que se nos cure.

Sucedido positivo del día: 16 julio 2015 – Brillo sin máquina de lavado

En la gasolinera, en la cola de pagar. Una chica justo delante de mí pide una ficha para la máquina de lavado de automóviles. “Lo sentimos mucho, está estropeada, ya está avisado para que vengan a mirarla pero hoy no va a estar, no…“.  Al estar yo detrás, esperando mi turno, no podía verle la cara de manera que el contacto principal con ella era el puramente auditivo, escuchar lo que decía. Ha respondido con un tono de voz muy musical, alegre y luminoso: “Bueno, pues hoy no va a ser, otro día será“.

Inmediatamente ha pedido una barra de pan y le han informado de que ya era un poco tarde y a que a esas horas ya no suelen quedar. Sin bajar un ápice la jovialidad de su tono ha comentado: “Pues mira, con lo que me engorda el pan me estáis haciendo un favor“.

Para terminar uno de las empleadas de la gasolinera le ha ofrecido comprar no sé qué cupón especial de julio que se sortea un día de estos y con un premio super-millonario en liza. A la correspondiente respuesta ha sumado esta vez una bonita carcajada introductoria y ha dicho con tanta expresividad que casi cantaba más que hablaba: “Ay, no, muchas gracias pero no, a mi nunca me toca nada especial“. Y yo he pensado: “Eso es lo que tú te crees, tu vienes premiada ya de serie“.

Gente con luz y energía positiva que te zarandea y espolea sin enterarse y te carga las pilas en unos segundos sin saberlo ni pretenderlo. Se ha ido, con paso ágil y divertido,  sin nada de lo que pretendía pero con todo lo que yo estaba necesitando. Le he robado, como digo, una buena dosis, eso sí, y he pagado sólo la gasolina. Por cierto, ¿a cuánto estará el barril de buen rollo? A ver si baja el precio y lo usamos más.

Sucedido positivo del día: 14 julio 2015 – Hacer muchas cosas para descansar mucho y estar muy bien y recordar no olvidar parar de hacerlas mientras las haces

Leyendo mi propio sucedido de ayer me he sonreído pensando que parecía un abuelo gruñón. Lo primero lo soy, técnicamente y lo segundo, alternativamente, un día sí y otro no, aproximadamente. Quiero aclarar que no me dio un ataque de misantropía y que disfruto y gozo con el trato humano, me gusta saber de las personas a las que quiero y hablo hasta por los codos. Aclarado eso, incluso conmigo mismo, para que no me quepa la menor duda, sí es cierto que me ha asaltado otra reflexión unida de alguna manera al ruido del que hablaba ayer: las dosis de sentimiento de culpa que uno va poco a poco acumulando a base de no llegar a hacer las cosas que se supone debiera diariamente hacer, e incluso dejar de hacer las que podrían parecer superfluas o evitables. Parece como que la agenda diaria, la concatenación de tareas, pudiese ser valorada y analizada por un “crítico de vida” que una vez visto un pase o función de nuestro planteamiento vital (la observación de 24 horas de nuestra vida) pudiese sentar cátedra, aplaudir los hábitos saludables e infligir censura sobre los nocivos o poco útiles. Es como si de alguna manera 24 horas en la vida de alguien fuesen una declaración de intenciones o una muestra de su manera de estar en las cosas.  He recordado un divertido texto que circula por la red hace años y que, con humor, pienso que refleja eso de lo que estoy hablando. Lo copio, pego y reproduzco hoy aquí ya que, como he dicho, si ayer tocaba “gruñon day” hoy la cosa será más amable, ciclotimias que uno tiene, oiga.

Cuidados de la salud

Especial para adultos contemporáneos: Cómo llegar a los ciento veinte años!

Estimado Colega, como muchos de nosotros ya tenemos más de cuarenta años, hay que comenzar a cuidarse!

Dicen que todos los días tenemos que comer una manzana por el hierro y un banano por el potasio.

Además una naranja por la vitamina C, medio melón para mejorar la digestión y una taza de té verde sin azúcar, para prevenir la diabetes. Todos los días hay que tomar dos litros de agua (y luego orinarlos… lo que lleva como el doble del tiempo que llevó tomárselos).

Todos los días hay que tomarse un Activia o un Yogurt para tener “L. Cassei Defensis”, que nadie sabe qué chingados es, pero parece que si no te tomas un millón y medio todos los días, empiezas a ver a la gente como borrosa.

Cada día una aspirina, para prevenir los infartos, más un vaso de vino tinto para lo mismo. Y otro de blanco, para el sistema nervioso. Y uno de cerveza, que ya no me acuerdo para qué era.
Si te lo tomas todo junto, por más que te dé un derrame ahí mismo, no te preocupes pues probablemente ni te enteres.

Todos los días hay que comer fibra. Mucha, muchísima fibra, hasta que logres defecar un sweater.
Hay que hacer entre cuatro y seis comidas diarias, livianas, sin olvidarte de masticar cien veces cada bocado. Haciendo un pequeño cálculo, sólo en comer se te van como cinco horitas.

Ah, después de cada comida hay que lavarse los dientes, o sea: después del Activia y la fibra los dientes, después de la manzana los dientes, después del plátano los dientes… y así mientras tengas dientes, sin olvidar pasarte el hilo dental, masajeador de encías, y buche con Plax…

Mejor amplía el baño y mete el equipo de música, porque entre el agua, la fibra y los dientes, te vas a pasar varias horas por día ahí adentro.

Hay que dormir ocho horas y trabajar otras ocho, más las cinco que empleamos en comer, veintiuno. Te quedan tres, siempre que no te agarre algún imprevisto. Según las estadísticas, vemos tres horas diarias de televisión. Bueno, ya no puedes porque todos los días hay que caminar por lo menos media hora (por experiencia: a los 15 minutos regresa, si no la media hora se te hace una).

Y hay que cuidar las amistades porque son como una planta: hay que regarlas a diario. (¿Cuando te vas de vacaciones también, supongo?)

Además, hay que estar bien informado, así que hay que escuchar la radio y leer por lo menos dos diarios y algún artículo de revista, para contrastar la información.

¡Ah!, hay que tener sexo todos los días, pero sin caer en la rutina: hay que ser innovador, creativo, renovar la seducción… ¡Eso lleva su tiempo… Y ni qué hablar si es sexo tántrico!! ( y te recuerdo: después de cada comida, cepíllate los dientes!).

También hay que hacer tiempo para barrer, lavar la ropa, los platos, y no te digo si tienes perro u otras mascotas… (¿¿hijos??!!)

En fin, a mí la cuenta me da unas 29 horas diarias. La única posibilidad que se me ocurre es hacer varias de estas cosas a la vez, por ejemplo: Te duchas con agua fría y con la boca abierta así te tragas los 2 litros de agua.

Mientras sales del baño con el cepillo de dientes en la boca le vas haciendo el amor (tántrico) parado a tu pareja, que de paso mira la TV y te cuenta lo que ve, mientras barre (tu pareja).

¿Te quedó una mano libre? Llama a tus amigos. ¡Y a tus padres, porque no hay que descuidarlos!! Tómate el vino (después de llamar a tus padres te va a hacer falta).

El Yakult con la manzana te lo puede dar tu pareja mientras se come el plátano con el Activia, y mañana cambian. Y menos mal que ya crecimos, porque si no nos tendríamos que clavarnos el Danonino Extra Calcio todos los días.

¡Uuuufff! Pero si te quedan 2 minutos, reenvíale esto a los amigos (que hay que regar como las plantas) mientras tomas una cucharadita de All Bran, que hace muy bien…

Y ahora te dejo porque entre el yogur, el medio melón, la cerveza, el primer litro de agua y la tercera comida con fibra del día, ya no sé qué estoy haciendo pero necesito ir al baño urgentemente. Ah!!, voy a aprovechar y me llevo el cepillo de dientes…

Si ya te envié esto antes, perdona… Es el Alzheimer, que a pesar de tantos cuidados no he podido combatir.
Un fuerte abrazo!!