Blog de Iñaki Salvador

Sucedido positivo del día: 17 octubre 2015 – 4.- Reflexiones de tres al cuarto

Eramos cuatro y un tambor” o “estábamos cuatro gatos”. Las expresiones o dichos en que se emplea el número cuatro producen más pena que gloria. Cuando pretendes expresar que nada ha cambiado, y no en sentido positivo, puedes decir aquello de “tres cuartos de lo mismo”. A los que llevan gafas se les llama “cuatro ojos” para humillarles y cuando te castigan te mandan a tu cuarto. Al ladrón de animales se le llama cuatrero y cuando explicas que terminaste una caminata justito de fuerzas dices aquello de “llegué a cuatro patas”. Cuando una piel o tejido empiezan a estropearse decimos que se cuartea y cuando alguien carece de posibles lo expresamos diciendo que está “a la cuarta pregunta”. Uno de los programas más denostados en la televisión española actual es “cuarto milenio” y cuando alguien se viene arriba en cualquier taberna escuchas proferir lo de “a ver si te meto cuatro hostias”. Si estás doblado por el lumbago dirás que estás hecho un cuatro y si llueve de manera leve y sosa dirás que tan sólo han caído cuatro gotas. Cuando dudas en torno a lo atractivo de lo que vas a proponer temes que les vaya a interesar sólo a cuatro. Y cuando escuchas las canciones en los “40 principales” (y dale con el cuatro) lo más normal es que digas que son muy básicas porque todas están hechas con cuatro acordes. Cuando hay corrupción tenemos muy claro que el corrupto se lo monta para beneficiarse él y sus cuatro amiguetes, y cuando un razonamiento es sencillo rayando en lo simplón argüimos aquello de que, oye, chico, es que “no hay más, dos y dos son cuatro”. Hasta el encantador instrumento musical llamado cuatro (excúsenme los folcloristas) podría parecer una guitarra venida a menos o encogida en un mal lavado. Y podría seguir y seguir con la tontería, así, hasta las cuatro de la mañana, pero no es necesario, voy a ir terminando. Eso sí, cuando se culmina, cierra y concluye algo podría decirse que son los cuartos de final, ¿verdad? Vale, sí, calma, la pastillita. Ya pasa.

Sucedido positivo del día: 15 octubre 2015 – 6.- ¿Y la familia? Bien, gracias, al 6,6

Día intenso, de aquí para allá. Sin tiempo, por tanto y por ejemplo, de echar un ojo a la prensa escrita. Lo hago ahora y veo que el Banco de España publica una información que reza así:  “La riqueza financiera de las familias crece un 6,6% en el primer semestre. La diferencia entre los ahorros y las deudas de las familias alcanzó en el primer semestre del año los 1,259 billones de euros, un 6,6% más que en el mismo periodo de 2014.  Los activos financieros de los hogares españoles -dinero en efectivo, acciones, depósitos y valores en renta- se elevaron al concluir junio a 2,063 billones de euros, en tanto que sus pasivos o deudas alcanzaron 803.676 millones de euros, un descenso del 3,3 % respecto al mismo periodo de 2014.“.

A continuación añaden un montón da valoraciones y comparaciones para cuyo análisis y comprensión haría falta tener un master o al menos estudios de economista al nivel de un tertuliano de televisión o dos. Si miras las cifras así un poco por encima, con tan sólo el bachiller aprobado, te da la sensación de estar leyendo que los españoles tienen muchísimo más dinero del que deben. Si te pones a reflexionar no más de 10 segundos sobre ello puedes llegar a concluir que el español medio es lerdo ya que podría pagar mañana por la mañana mismo de una vez toda la hipoteca de su casa y quedarse más ancho que largo.

Y te ríes por no llorar (o salir a la calle a liarla). Y tienes la sensación de que nos toman el pelo por encima de nuestras posibilidades. Calma, Iñaki, calma, que te pierdes. Que estos son sucedidos positivos. Hala, la pastillita y a dormir.

Sucedido positivo del día: 16 octubre 2015 – 5.- El semáforo de cinco colores

Yo no sé si porque se parecían a los míticos aros pero lo cierto es que pasaban de ella olímpicamente. Estaba esta mañana en un semáforo en el centro de la ciudad. Regalaba una imagen fresca, tierna, divertida, sorprendía y te sacaba de la rutina. En un cruce aprovechaba la luz roja que convertía al instante a los automovilistas en su efímero público. Tan sólo un minuto y medio de actuación para intentar seducirles y que se animasen a pagar la entrada de un espectáculo que, en realidad, les había entrado a ellos en su vida y ese era el encanto. Ejecutaba una pequeña y delicada fantasía: los aros de colores giraban y parecían flotar en el aire. Su cara expresiva, su cuerpo flexible y juguetón. Y al ponerse el semáforo en verde su voz al viento, “¿tienen algo para esta payasa?“. Pocos se animaban a celebrar el hecho de que pocas veces en la vida habrán pasado por el aro de manera tan lúdica y placentera.

He observado la escena un tiempo pues desde el ángulo de visión de mi trayectoria ya hacía un rato que le tenía a tiro. Y, en fin, al llegar a su altura no he podido por menos que frenar la bicicleta y pedirle un favor. Me ha respondido que sí sin dudarlo y sin dejar de sonreír. Hemos charlado, hemos compartido algunas informaciones y me ha pedido algún consejo (he recomendado a otras personas hoteles y restaurantes, pero jamás me había visto como hoy, recomendando semáforos, intentado que fuesen de más larga duración, menos peligrosos para su integridad y, en definitiva, escenario más grato y productivo para su actuación). Y me ha regalado lo que le he pedido.

La cosa no ha podido ser instantánea aunque así se llame a las fotografías. El asunto tenía su cosa y hemos tardado unas horas en resolverla, cargada ella de generosa buena voluntad y cruzando “whatsApps” de coordinación de la maniobra (sí, me ha ofrecido su número de teléfono, aún queda gente que confía en la gente, aunque sea alguien que le acaba de abordar, como yo hoy, en plena calle).

Aquí están, son estas tres fotos. Así de sencillo. Esta mañana ella hacía sus evoluciones con sólo cuatro aros y a mi me apetecía fotografiarle con cinco, manías mías, no me pregunten por qué. Estas son las imágenes que me ha enviado horas después, hace un momento. Se hace llamar Groc y debiera conseguir que aún con el semáforo en verde el tráfico se parase. Pero el mundo está como está. Suerte que titiriteros como Groc siguen trabajando para arreglarlo.

     

Sucedido positivo del día: 14 octubre 2015 – 7.- Latigazo en siete

Conté anteayer alguna reflexión en torno a la película “Whiplash” y hoy me han escrito en privado preguntando algunos aspectos en torno a la banda sonora. El que sé y puedo despejar (y no sin cierta ayuda documentándome por ahí) es que la composición musical que da nombre a la película es un tema original del saxofonista americano Hank Levy y que se popularizó en una grabación referencial en formato de Big Band de la mano y bajo el liderazgo del trompetista Don Ellis en el año 1973. Como curiosidad, comentar algo quizá desconocido u olvidado por el gran público: Ellis fue el compositor de la banda sonora de la mítica película “The french connection”.

Dice una popular enciclopedia en torno a Don Ellis y sus trabajos en los años 70: “En esta época, Ellis comienza a trabajar con compases poco usuales, extraídos de la música folclórica y de desarrollos matemáticos de los tempos tradicionales, llegando en este terreno mucho más lejos de lo que había llegado cualquier músico anterior, tocando en metros como 19/8 (interpretado en divisiones de 3-3-2-2-2-1-2-2-2) y otros aún más largos (hasta 85). Algunos de sus ritmos se plantean como ecuaciones matemáticas, como un blues en ritmo de 11/4, ejecutado como 32/3/4 y, ello, con verdadero swing. Ellis movía a su big band por este tipo de compases, de forma fácil y ligera”.

Y sí, “Whiplash” es una composición que luce en compás irregular (o de “amalgama”, tal y como nos enseñaron en mi infancia al estudiar solfeo): es un 7/4, compás que causa furor, de nuevo y de manera especial, de un tiempo a esta parte en ambientes jazzísticos. Contestado y comentado queda.

Sucedido positivo del día: 13 octubre 2015 – 8.- El chino que hoy estaba de ocho

Circular en bicicleta tiene sus riesgos, es bien sabido: un bidegorri (carril bici) no es garantía plena, hay que pedalear con mil ojos. Esta tarde el ciclista que iba unos metros por delante de mí me ha dado un buen susto. Ha ido a atravesar con cierta confianza rayana en la valentía un paso de cebra que nos daba preferencia pero que se hallaba en un espacio en curva, con escasa visibilidad tanto para nosotros como para los coches que pudiesen venir. Y tanto que venían. Ha aparecido por sorpresa una furgoneta y a no poca velocidad, y uno y otro, ciclista y automovilista, han debido frenar bruscamente evitando así, al límite, la colisión. Uno y otro (y yo haciéndoles los coros) han resoplado de alivio.

La furgoneta ha marchado justo cuando llegaba yo a la altura del aún asustado colega de pedaleo. Me ha mirado, aún algo lívido, y ambos hemos sonreído. A mí la sonrisa de este chino me ha parecido una triple sonrisa, creo que se estaba poco a poco dando cuenta de la que se acababa de librar. La sonrisa mutua y compartida se ha empezado a prolongar un poco demasiado incluso siendo, como estaba siendo, un improvisado y silencioso canto de gratitud a su ángel de la guarda. Había que reanudar cada uno su marcha y su vida, o decirse algo. Y lo ha dicho. Con poquita voz y aún la sonrisa congelada: “Mucha suelte he tenido,  fulgón venía lápido”. Y con mi sonrisa aún creciéndome en la boca, a la vista de su acento, voz y alegría, le he respondido: “Pues sí, para ser hoy martes y 13, puedes estar muy contento”, y rápidamente me he percatado de que se necesitaba una explicación, “no sé si lo sabes pero aquí se dice que el martes y 13 es un día de mala suerte, pero tú no, tú muy buena. Cuídate”. Y aún hemos recorrido parte de la ciudad bastante cerca el uno del otro, nuestros trayectos han sido bastante coincidentes.

He querido, lógicamente informarme en torno a días o números que los chinos consideren como atrayentes de mala suerte. Pues bien, léase que es el 4 el del mal fario: “El motivo es que, en mandarín, dicho número («sì») se pronuncia de forma similar a la palabra «muerte» («sï»). Un sonido que espanta a los habitantes de este país hasta tal punto que ha sido estigmatizado y se intenta evitar a toda costa en la vida cotidiana. Por eso, muchos ascensores en China no disponen de la cuarta planta en su tablero, pero tampoco del piso 14, ni del 24, ni del 34, ni del 44 (mucho menos de este), ni de cualquier número que acabe en cuatro. Cuando dichos edificios prescinden de la planta cuarta (y de todas las que acaben en ese dígito), las escaleras conducen desde el tercer piso hasta el quinto sin escalas intermedias. Para evitar el infortunio, nadie quiere vivir en una planta que acabe con el número cuatro. Si lo hace, en caso de encontrar alguna, regateará al máximo el precio de la vivienda a cambio de arriesgarse a morar en un lugar con tan malos augurios”.

¿Y el del buen rollo? El 8: “El 8 está rodeado de buena suerte, el 8 es el número más afortunado de todo el pueblo chino. Suena como prosperidad y riqueza. Los chinos son famosos por pagar mucho dinero para tener la matrícula, el número de teléfono, número de apartamento, etc.. con el número 8. La forma de este número se asemeja a la forma del infinito por lo que se asocia con el interminable flujo de dinero.

Muchos vuelos desde y hacia China tienen el triple 8 en su número de vuelo. Los chinos creen que el trabajo en el 8º día de sus 15 días las celebraciones del Año Nuevo chino es un buen augurio.

¿Alguna vez has pensado sobre por qué en 2008 los Juegos Olímpicos celebrados en Beijing, China fue inaugurado el 08.08.08 a las 8 minutos y 8 segundos después de 20:00? Eso definitivamente no es una coincidencia. Estaba previsto en esta fecha y hora, porque creían que si lo hacían así, les traería buena suerte a sus atletas y China podría ganar la mayor cantidad de medallas de oro durante los juegos, y así lo hicieron con 51 medallas de oro”.

Sucedido positivo del día: 23 julio 2015 – Texto y contexto

Cuando un intérprete de música ofrece su propuesta en concierto está ofreciendo su relato, la fotografía de su momento y la desnudez (somos pura desnudez, en la música y en la vida) que quiere mostrar u ocultar. Escuchando fragmentos de cuatro conciertos distintos en el transcurso de cuatro horas he visto a músicos sudar bajo un sol abrasador (las siete de la tarde en el mes de julio puede ser un contexto complicado para contar tu texto), he escuchado texturas que nacieron íntimas expuestas ante audiencias masivas, he escuchado frases al vuelo que me han sorprendido entre los públicos asistentes, ha volado mi imaginación ante pasajes concretos de todas esas músicas preguntándome si el plato en el que hoy eran servidas tenía la temperatura adecuada y el tamaño más correcto para ser degustadas con deleite para el receptor y con justicia para el emisor. Cuando estalla tanta música en cada rincón y tantas almas rodean cada escenario es hermoso y misterioso percibir e imaginar que todos los músicos, cada uno de ellos, están igual de solos que al principio, todos ellos, volviendo a urdir y construir su relato, contando de nuevo el cuento, cantando de nuevo el canto, con la misma energía del primer día, con los mismos cansancios que el último.

Sucedido positivo del día: 22 julio 2015 – Las dos orejas y el bravo

Cuando arranca el festival de jazz de mi pequeña ciudad sus calles, gentes, medios de comunicación, melómanos y no tan melómanos, los que pasaban por allí y los que vienen para ver qué pasa por aquí, todos ellos y algunos más por aquello del qué dirán si no digo, se revolucionan y convulsionan como si arrancasen una suerte de “sanfermines” de la música. Para el que lleva el pañuelico rojo puesto todo el año en la intimidad de su corazón puede resultarle un poco estentóreo el revuelo que se organiza alrededor de esta fiesta y semana de las músicas de jazz que nos son ofrecidas y ofrecemos.

Hoy se ha lanzado el chupinazo y corren ya toros por muchas esquinas, y más que van a correr. Conviene no estirar la metáfora o la parábola más de lo debido porque huelga decir y pensar que si se soltasen por un callejón vallado o sin vallar, por poner un caso, “6 conciertos 6″ de la ganadería de Louis Armstrong a las ocho en punto de la mañana, ni serían televisados en directo por canal alguno ni acudirían a “correrlos” con su energía dispuesta ni la décima parte de personas que lo que convocan otras correrías y festejos. Aunque también es verdad que los que tenemos el placer de salir a un escenario estos días, hagamos buena faena o no,  recibimos por adelantado un montón de orejas, en concreto las dos de cada asistente a tu concierto.

Reconozco que aunque las cosas han cambiado mucho y a mejor, es comenzar la semana y saber que el “pobre de mí” a entonar el último día siempre deja un regusto agridulce. Voy a disfrutar, faltaría más, pero sin borrachera que nuble el sentido de realidad. Nos vemos en los conciertos. Y déjense cornear aunque sea un poquito durante el resto del año.

Sucedido positivo del día: 20 julio 2015 – Lo incomparable marca

Y entonces la operación de que dos hijos de corta edad recién salidos de la playa se quiten el bañador mojado, se pongan la ropa limpia y seca y metan en el capazo los juguetes rebozados aún en arena, todo ello sin acercarse al  peligroso bidegorri (carril bici) colindante con el espacio utilizado para la costosa maniobra familiar, requiere, parece ser,  de no menos de 25 frases conjugadas en imperativo (las he contado) que los pequeños van cumplimentado no sin evidente agobio, manifiesto desorden y aliviadoras, al menos para mí, risas indisimuladas de ambos infantes en su atropello por intentar abordar la retahíla de acciones a realizar. Me he sonreído por sus sonrisas, me han visto y me he puesto serio de mentirijillas con lo cual se han reído un poco más y yo he puesto pies en polvorosa por lo que pudiera pasar y por el imperativo que pudiese salpicarme (-¿váyase usted al carajo y no vacile con mis niños que mire qué hora es y aún nos quedan baños y cenas y hoy encima están imposibles?-, quizá).

Mientras eso ocurría el barquillero de amable y afable presencia llevaba ya rato vendiendo sólo palabras y expediendo explicaciones, especulaciones y cháchara con no menos de unas 10 diferentes personas en menos de 15 minutos. Un día me acercaré a hablar con él porque debe de merecer la pena.

Como el sol iba cayendo,  de manera simultánea y desde diferentes puntos de la ciudad se realizaban fotografías, como cada día, de una bahía que despierta pasiones y en ocasiones duerme intenciones, pero esto sólo es una apreciación muy mía y sin ánimo de ofender. Ningún marco incomparable es o provoca,  “per se”,  algo malo o bueno, pero yo ya me entiendo. Hay ciudades que viven de las rentas, mueren de éxito y sobreviven por debajo de sus posibilidades.

Con todo y con éso el aire era tibio y acariciaba con delicadeza. Los niños aún traviesos sin mácula, el barquillero quizá cansado de serlo pero sereno en la empresa y las fotos que no cesan de una belleza muy bella para bien y para mal daban al atardecer argumentos para caer tan lentamente como lo hacía.

Sucedido positivo del día: 21 julio 2015 – Cien centellas centelleantes

Día de cielos variables, inciertos, cambiantes, sugerentes y amenazantes, rotundos, de misteriosa belleza y henchidos de presagios. A media mañana tronaba el trueno sobre unas cabizbajas cabezas que se intentaban esconder en el escondrijo de unos hombros de hombre protectores, y también se mojaban mujeres y se paraban las aguas en los paraguas de los previsores que habían previsto. Las gotas de unas goteras mojaban lo ya humedecido por una humedad relativa del aire que respirábamos sin respiro. La jornada ha venido y se ha marchado envuelta en el tormento de su tormenta y la noche tiene celos del carisma de un día que le desdice y se lo dice, que le desluce su poca luz y escaso brío, que es por calor y poco frío lo que sucede, es el suceso que más notamos porque es notable que nos sucede y nos ha envuelto cada vez que ha vuelto y nos ha revuelto. Hoy tenemos el pararrayos lleno de iones y de protones y de neutrones, el cielo avieso, el verano esquivo y de eso escribo. Cuando a media mañana tronaba el trueno un amigo, a mi lado, explicaba su música desde la melancolía y realmente era el día, la escenografía, la vuelta de tuerca de a los que nos falta un tornillo. Truena tronando aún ahora en la hora en que duermen los durmientes. Suena el sonido sonoro del silencio que vendrá. Tras la tormenta la calma; tras lo necesario, lo inevitable.

Sucedido del día: 19 julio 2015 – Los demás y tú

Poseía poesía en los dedos de dos manos prodigiosas. Cuando en la década de los 80 yo asistía desbordado a los impactos que iba recibiendo desde mi tocadiscos (me estaba estallando el jazz en la cara, en concreto en la cara A y B de cada LP) hubo un tiempo en el que en mi casi imposible orden mental a la hora de catalogar los pianistas que iba conociendo tuve dos cajones imaginarios en mi cabeza: en uno, la cascada de nombres que desde Chick Corea hasta Bill Evans o McCoy Tyner bullían en corcheas tórridas y tradición afro-americana; en el otro, un solo nombre, John Taylor, el peculiar, el raro, el distinto, el sereno aunque enérgico, el esteta, el límpido y espiritual, el que no tenía prisa por calmarse ni exhibía una calma impaciente, el de las notas largas con nervio y carácter y el del torrente de notas, cuando era necesario, claras como el agua clara y luminosas en su exuberancia. Así era la cosa, el resto del mundo y John Taylor.

Este viernes, anteayer, John Taylor ha posado dulcemente su cabeza sobre el teclado del piano en pleno concierto en la localidad francesa de Segré, en un escenario del “Saveurs Jazz Festival”. Los 500 espectadores que lo veían parece que disfrutaban, en los primeros instantes, con la poética imagen que ofrecía quien siempre nos tuvo acostumbrados a la sugerencia y sutilidad en cada gesto. Fue, eso sí, el postrero, el calderón final, la nota más larga que podrá tocarnos jamás.

En este vídeo uno de los temas que me sugería vuelo y que me empezó a enseñar, en mis inicios, una manera diferente. Lo reescucho esta mañana con emoción e imagino a John en su vuelo iniciado este viernes, montado en luz y solo, tan solo como estaba en mi solitario cajón, ese espacio que él me inauguró. El fue uno de mis maestros con los que nunca hablé y ni siquiera saludé. Me hablaba y habla y su marcha me recuerda que me quedan muchas clases pendientes con él.